Adina y Nemorino en Uruguay
MONTEVIDEO, 21 agosto 2026 - Las instituciones públicas que se dedican al arte en el sur de América no son demasiado conocidas en el mundo, sus proyectos y su continuidad son ignorados, a veces, hasta por los propios habitantes del lugar en el que se asientan. La ciudad de Montevideo (República Oriental del Uruguay) depara una joya: el SODRE (Servicio Oficial de Representaciones y Espectáculos), que en esta oportunidad y en coproducción con la Sociedad Uruguaya ProÓpera presentaron en nueva producción escénica la ópera L’Elisir d’Amore de Donizetti con muy buen nivel general.
El director y compositor español Miquel Ortega logró de la Orquesta Nacional Juvenil del SODRE una prestación sólida y eficiente. Con tiempos adecuados y buena relación entre el foso y la escena redondeó una versión de calidad. Párrafo aparte merece la acertadísima decisión de ofrecer una versión completa de la obra abriendo varios cortes que hasta hace algunos años eran tradicionales; entre ellos el cuarteto con coro que precede al dúo entre Adina y Dulcamara en el segundo acto, que ayuda a comprender más acabadamente la trama y da sentido a la gran aria del tenor que sigue luego.
Con una sólida y ascendente carrera en los más importantes escenarios europeos el argentino, residente en Italia, Juan Francisco Gatell fue un Nemorino de rara perfección. Bello timbre, refinada articulación del texto, aplomado y seguro tanto en lo actoral como en lo musical, con buena llegada a los agudos y con inmaculada línea de canto.
A su lado la española Marga Cloquel fue un muy buena Adina. De buena y juvenil figura en el escenario resultó ideal en su actuación pasando por todos los estadíos emocionales que la parte requiere. Con decir expresivo y registro homogéneo sorteó con holgura todas las dificultades de la partitura.
Con buena prestación general el Dulcamara de Lisandro Guinis; con lo justo y cierto aire de veteranía el Belcore de Alberto Cazes. Interesante la Giannetta de Ana Escudero y muy correcto el Coro Nacional del SODRE, que dirige Esteban Louise, en sus intervenciones.
La directora escénica irlandesa pero toscana por adopción, Vivien Hewitt, se inspiró para su visión escénica en pintores como Vidal y Juan Manuel Blanes, recuperando en esta versión la vida de campo en la época de José Gervasio de Artigas en el Uruguay (1811-1820 aproximadamente).
Toda la acción tiene un aire cercano tanto por la ambientación como por vestuario que es fruto, también, del trabajo de Vivien Hewitt, basado en los artistas plásticos Vidal y Blanes. La trama se desarrolla en forma natural y algunos pequeños cambios en el texto, totalmente justificados en una obra cómica, no molestan. Hewitt mueve con naturalidad a los solistas y al coro y se permite pequeños movimientos que nos dan detalles de la personalidad de los personajes.
La escenografía de Giacomo Callari es sencilla y funcional un portal en el fondo que hace ver la llanura del Uruguay, la casa de altos de Adina a la izquierda del espectador y una pulpería de época a la derecha. Creativa la iluminación de Martín Siri Galán, bellas las proyecciones de la campiña uruguaya que se ven detrás del portal, de Renata Sienra, con atardeceres y amaneceres; y simpática la coreografía de Jorge Caride y Federico Olivera con estilizaciones de danzas autóctonas.
