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Terpsícore en Cartago

 por Gustavo Gabriel Otero

Extraordinaria para algunos y no lograda para otros, la idea de Sasha Waltz de reestructurar una ópera para convertirla en una pieza de ballet contemporáneo con acompañamiento vocal fue realizada magistralmente. Musicalmente las cosas son inobjetables.

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Buenos Aires, 7 de junio 2016 - El Teatro Colón presentó la ópera Dido y Eneas de Henry Purcell en una propuesta diferente que conjuga una ópera barroca con instrumentos de época con un ballet contemporáneo conforme las ideas y coreografía de Sasha Waltz, en un espectáculo de alta calidad pero que convierte a una ópera en ballet.

Su utilizó la revisión musical de Attilio Cremonesi y en esta versión coreografiada por Sasha Waltz -que adiciona unos treinta minutos más a la obra- se reestablece el prólogo, se agrega alguna página musical, se realizan repeticiones, se interpolan danzas silenciosas y abstractas y hasta acciones teatrales.

Extraordinaria para algunos y no lograda para otros, la idea de Sasha Waltz de reestructurar una ópera para convertirla en una pieza de ballet contemporáneo con acompañamiento vocal, en la que los cantantes solistas y el coro se funden a la perfección con los movimientos de los bailarines, genera tedio en algunos y admiración en otros.

La realización y la concepción son magistrales en el plano estrictamente coreográfico, pero la danza lo eclipsa todo y hace confusa la acción teatral. Si sólo se presta atención a la música, al canto y a los movimientos sin importar lo que debería pasar teatralmente, la versión resulta una verdadera fiesta pero si se intenta comprender el drama de Dido y de Eneas la cuestión se hace dificultosa.

En el prólogo se ve un gran estanque lleno de agua suspendido en el medio del escenario, los personajes-bailarines entran y salen de la piscina con movimientos milimétricamente coreografiados y a medida que avanza la acción la gran caja de cristal comienza a vaciarse hasta quedar sin agua. Allí comienza la conocida obertura de la obra. Todo el reparto está íntegramente duplicado, así cada cantante tiene su doble coreográfico y en los casos de Dido y la hechicera los cantantes están acompañados por dos bailarines cada uno, la directora exige y obtiene de cada cantante movimientos coreográficos así como lo hace con el coro.

El uso de los cuerpos y sus vestuarios forman parte de lo escenográfico y la respuesta de los bailarines a esta mixtura de música barroca con coreografía contemporánea es de excelencia. La iluminación de Thilo Reuter es espléndida. La escueta escenografía de Thomas Schenk y la propia Waltz y el vestuario de Christine Birkle son funcionales a la estética general.

Musicalmente las cosas son inobjetables. La Orquesta Akademie Für Alte Musik de Berlín suena perfecta, equilibrada, precisa, afinada y plena de contrastes y claroscuros excepcionalmente barrocos. De similar calidad el Coro Vocalconsort. La dirección de Christoher Moulds hace plena justicia a la partitura y con gesto decidido y plástico conduce a instrumentistas, solistas y coro hacia la excelencia.

De gran nivel la Dido de Aurore Ugolin por la belleza del timbre, la homogeneidad del registro, la articulación y la perfecta emisión, a lo que se puede agregar una notable presencia escénica y una beldad que realza el rol interpretado.

La soprano Deborah York (Belinda) mostró una voz pequeña pero bien emitida y con probada eficacia, mientras que el Eneas de Reuben Willcox fue sólido y seguro en el canto y adecuado en sus movimientos.

El tenor Fabrice Mantegna personificó una Hechicera mutada de sexo con esmerada línea, mientras que el resto del elenco fue discreto pero profesional y ajustado.

Crédito Máximo Parpagnoli / Arnaldo Colombaroli. Gentileza: Teatro Colón.

Buenos Aires, 07/06/2016. Teatro Colón. Henry Purcell: Dido y Eneas, ópera en tres actos. Libreto de Nahum Tate basado en La Eneida de Virgilio. Revisión Musical de Attilio Cremonesi. Versión coreografiada de Sasha Waltz. Sasha Waltz, producción general, dirección escénica, diseño de escenografía y coreografía. Christine Birkle, vestuario. Thilo Reuther, iluminación. Thomas Schenk y Sasha Waltz, escenografía. Aurore Ugolin (Dido), Reuben Willcox (Eneas), Debora York (Belinda), Fabrice Mantegna (Hechicera), Céline Ricci (segunda dama), Sebastian Lipp (primera bruja y marinero), Michael Bennett (segunda bruja y espíritu), Yael Schnell, Michal Maulem, Virgis Puodziunas, Luc Dunberry, Manuel Alfonso Pérez Torres, Sasa Queliz, María Marta Colusi, Peggy Grelat-Dupont, Juan Cruz Diaz de Giraio Esnaola, Gyung Moo King, Takako Suzuki, Jirí Bartovanec y Sophia Sandin (bailarines). Coro Vocalconsort Berlín. Orquesta Akademie Für Alte Musik Berlín. Dirección Musical: Christopher Moulds.