L’ape musicale

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Thomas Hampson, Veronique Gens, Die lustige Witwe

Pontevedro en París

 por Gustavo Gabriel Otero

Elegante y divertida como una verdadera fiesta Die lustige Witwe a París: Thomas Hampson es el conde Danilo y Véronique Gens Hanna Glawari; Valentina Naforniţa encarna Valencienne y Stephen Costello Camille. Un lujo contar con Siegfried Jerusalem como Njegus. 

París, 15/10/2017 - Tomada como una verdadera fiesta por el público ésta versión de La viuda alegre (Die lustige Witwe) con puesta en escena firmada originalmente en 1997 por Jorge Lavelli es un verdadero bálsamo ante tantas propuestas disparatadas, risibles o simplemente fallidas. La versión, sin dudas, tuvo como mérito el exhibir los principales ingredientes de la opereta: dinamismo en el discurso musical, color y movilidad en el palco escénico, vestuarios vistosos y elegantes, marco escénico grandilocuente y lujoso y la capacidad de crear en el público la ilusión de vivir en una época de esplendor en un París de alrededor de 1920.

La versión fruto del trabajo de Alain Satgé y Jorge Lavelli acorta y actualiza los diálogos e introduce algún cambio en el orden de las escenas pero sin desnaturalizar la obra y brindando una acción teatral ágil y coherente con un final chispeante.

Un gran interior, diseñado por António Lagarto, sirve de marco a toda la obra. El semicírculo de madera, puertas, metal, vidrio y espejos con algunas pequeñas variantes es utilizado en los tres actos; el piso de lujosa madera contribuye a crear el marco escénico. Un gran cortinado será el protagonista del segundo acto y en el tercero el Maxim se traslada a la casa de Hanna Glawari con la ayuda de una gran araña de cristales y algunas sillas. La llegada en el primer acto de los dos protagonistas por medio de un ascensor pone su toque de lujo y sofisticación.

En perfecto estilo el vestuario de Francesco Zito que diferencia al conde Danilo del resto por su esmoquin de verano blanco y que enfunda en elegantes trajes a la viuda protagonista.

Muy atinada la iluminación de Dominique Bruguière y brillante la coreografía de Laurence Fanon.

La dirección escénica de Jorge Lavelli es clara, sirve elegantemente el propósito de la obra, mueve a los solistas con destreza y a las masas con distinción. El final es a puro disfrute con un Can-Can a lo Offenbach, con la presencia de bailarines, acróbatas y hasta mujeres-pájaros que vuelan por los aires.

Con sutileza y perfecto estilo el maestro Marius Stieghorst -director musical asistente de la Ópera Nacional de París- condujo la faz musical. La respuesta de la dúctil orquesta se plegó con excelencia a las bellas melodías de Lehár, al encanto del vals, el ritmo endiablado del Can-Can o a los aires centroeuropeos, mutando del ritmo lento al desenfrenado siempre con calidad.

Véronique Gens como Hanna aportó glamour y elegancia, adecuada línea de canto, volumen mediano y timbre grato.

Con carisma y simpatía desbordante Thomas Hampson fue un Danilo de excelente actuación, cuidada elegancia, pulcra emisión, belleza vocal, excelente fraseo y perfecta intencionalidad.

Valentina Naforniţa dio el carácter adecuado tanto vocal como escénico a Valencienne: juventud y agudos brillantes. A su lado el tenor Stephen Costello derrochó como Camille de Rossillon, canto seguro, emisión firme y atractiva personalidad.

Franck Leguérinelresultó un simpático Mirko Zeta de buena prestación. Un lujo contar con Siegfried Jerusalem como Njegus, que aquí suma un desempeño escénico importante, ajustados y solventes tanto Alexandre Duhamel (Vizconde Cascada) como Karl‑Michael Elbner (Saint Brioche).

Con esmerada corrección actuaron Peter Bording (Bogdanovitch), Anja Schlosser (Sylviane), Edna Prochnik (Olga), Julien Arsenault (Pritschitsch) y Yvonne Wiedstruk (Praskowia), mientras que las Grisettes (Esthel Durand, Isabelle Escalier, Sylvie Delaunay, Virginia Leva-Poncet, Ghislaine Roux y Marie‑Cécile Chevassus) derrocharon simpatía y algunos problemas de volumen.

El Coro Estable que dirige el maestro José Luis Basso a la par de su calidad vocal se divirtió y divirtió a los asistentes.

foto Guergana Damianova

Opéra National de París Bastille. Franz Léhar: La viuda alegre (Die lustige Witwe). Opereta en tres actos, libreto de Victor Léon y Leo Stein, basada en la comedia de Henri Meilhac ‘L'attaché d'Ambassade’. Jorge Lavelli, dirección escénica. António Lagarto, escenografía. Francesco Zito, vestuario. Dominique Bruguière, iluminación. Laurence Fanon, coreografía. Véronique Gens (Hanna Glawari), Thomas Hampson (Conde Danilo Danilowitsch), Franck Leguérinel (Barón Mirko Zeta), Valentina Naforniţa, (Valencienne), Stephen Costello (Camille de Rossillon), Siegfried Jerusalem (Njegus) Alexandre Duhamel (Vizconde Cascada), Karl‑Michael Elbner (Raul de Saint Brioche), Michael Kranebitter (Kromow), Peter Bording (Bogdanowitsch), Anja Schlosser (Sylviane), Edna Prochnik (Olga), Julien Arsenault (Pritschitsch), Yvonne Wiedstruk (Praskowia), Esthel Durand (Lolo), Isabelle Escalier (Dodo), Sylvie Delaunay (Jou-Jou), Virginia Leva-Poncet (Frou-Frou), Ghislaine Roux (Clo-Clo), Marie‑Cécile Chevassus (Margot) y Laura Agnoloni (una dama). Orquesta y Coro Estable de la Opéra National de París. Director del Coro: José Luis Basso. Dirección Musical: Marius Stieghorst.


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